Cuando la Mejor Ruta es por el Desierto

Hace unos años, cuando aún estaba en el colegio, me pidieron para una clase que escribiera un salmo hecho por mí mismo. Me gustaría compartirles lo que escribí como ilustración del versículo que les compartiré, desafortunadamente, después de un par de horas y un intenso dolor de espalda de tanto agacharme, no encontré por ningún lado el papel donde lo escribí, así que tendrá que bastar con lo que recuerdo. En ese tiempo ya estaba considerando qué universidad elegir, y tenía tres o cuatro opciones que no sabía si se concretarían, además de que me habían negado una beca. Con todo, estaba muy, muy, muy estresado y la misma inseguridad me hacía sentir que Dios no estaba conmigo, así que ya se imaginan que mientras los salmos de mis compañeros eran salmos pop como “te alabo por el sol y por la lluvia que nos das cada día”, yo llegué con algo todo metal en plan “Oh Señor, ¿Por qué si clamo a ti te mantienes en silencio? De día y de noche espero tu respuesta y tu silencio me enfurece y me quita la paz. ¿Cuánto más tendré que aguantar esto?” (Empezó así, pero terminó mejor, no se preocupen). Con el tiempo volví a escuchar la voz de Dios, y aunque cuatro días antes de empezar clases en la universidad aún tenía tres opciones diferentes, entendí que las pruebas y el silencio de Dios son también parte de sus planes.
Mateo 4:1-11 habla sobre la tentación de Jesús cuando estaba en el desierto. Hace poco lo leí y quiero compartirles algo que aprendí de los versículos 1,2 y 11.

1Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. (…) 11 Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.Mateo 4:1-2,11 (NVI)

En primer lugar, me parece muy curioso que el versículo 1 dice que Jesús fue llevado al desierto para ser tentado. No dice que mientras Jesús andaba por el desierto, el diablo casualmente caminaba por ahí, se lo encontró y lo tentó. Dice que el Espíritu lo llevó específicamente para ser tentado. Esto me impresionó porque muestra que estaba en el plan de Dios exponer a Jesús a la tentación, darle una prueba que sería difícil pero que sabía que podría pasar. Evidentemente, Jesús estaba ahí para estar en oración y comunión con Dios por 40 días en preparación para su ministerio, y eso incluía poder resistir la tentación que sabía que vendría. Viene toda la escena de la tentación (la cual los invito a leer completa, ya que es buenísima y se aprende mucho de ella) con tres pruebas del diablo a Jesús estilo las tres pruebas de Indiana Jones al final de la Última Cruzada: duras y arriesgaba todo, pero al final sale victorioso. Al pasar la tentación, llegamos al último versículo, donde se va el diablo y llegan ángeles a servir a Jesús. Ese fue otro punto que me llamó la atención: El apoyo de Dios está presente al principio del pasaje a través del Espíritu para llevar a Jesús al desierto, y vuelve a aparecer a través de ángeles hasta el último versículo, como si mientras Jesús estuvo pasando la prueba Dios dio un paso atrás y dejó que Jesús librara su propia batalla.
En resumen, son tres cosas las que me dejaron esos tres versículos y que quiero compartir con ustedes:
1.    La prueba, aunque es dolorosa y difícil, es parte del plan de Dios y es para nuestro bien y para que salgamos más fuertes, aunque no lo miremos así en el momento. Claro que Jesús, a diferencia de nosotros sabía todo el plan, pero eso no le quita mérito a la prueba ni a su significado, ya que fue justo después de esto que Jesús comenzó su ministerio.
2.    Aunque parezca que Dios no está con nosotros, o que nos está dando la espalda (como yo pensaba al escribir mi salmo), Él siempre está ahí. Tal vez un poco callado porque quiere vernos triunfar aún en el sufrimiento o porque quiere que tengamos nuestras propias victorias, pero está siempre apoyándonos tras bambalinas.

3.    La forma de resistir la tentación y pasar todas las pruebas es estando cerca de Dios, no hay otra forma. Jesús pasó 40 días ayunando para darnos el ejemplo. Cuánto más nosotros debemos orar y leer la Biblia para estar preparados para cualquier cosa que venga.

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